Hoy queremos hacer una mención especial a la pediatra por excelencia, ganadora de un premio bitácoras, autora del libro " Lo mejor de nuestras vidas" y toda una revolución en las redes sociales.
Lucía, ¡cuánta falta hacía alguien como tú!
Hartos de leer y escuchar todo tipo de noticias alarmistas sobre vacunas, lactancia, brazos o no brazos, nuevas formas de alimentación, el polémico "colecho" y todo un amplio abanico de posibilidades, llega Lucía y nos explica con paciencia y desde su experiencia como madre y pediatra, que el sentido común es lo más importante. Esto sale a relucir en todo lo que nos cuenta, la importancia de usar el sentido común (que a veces olvidamos que tenemos), la importancia de escucharnos como personas y como madres, escuchar nuestro instinto y confiar en nosotras mismas. Poner el grito en el cielo por cualquier cosa es muy fácil, lo difícil es respirar, mantener la calma y aplicar soluciones lógicas.
También es fundamental en todo el éxito de Lucía, la parte sentimental en todos sus escritos. Las experiencias con sus hijos, ya sean hechos cotidianos o alguno más puntual. Se le ve el alma en todo lo que escribe y ahí, creo sinceramente, que radica su fama. Porque en estos tiempos de datos, cifras, prisas, estrés, encuestas, internet, información, comparaciones y competiciones, se nos olvida lo realmente importante. Y no sólo a la hora de criar a un hijo, sino a la hora de vivir. Se nos olvida usar el corazón. Se nos olvida escucharlo, sentirlo. La importancia de alimentar el alma está pasando a un segundo plano en un mundo cada vez más científico y competitivo.
Queremos que nuestros hijos aprendan pronto a hacer las cosas, coman bien, postura correcta, hagan los deberes, que hablen antes que ninguno y por supuesto andar también. Y todo esto encajado en un marco dentro de la sobrevalorada "normalidad" . Todo esto está bien pero NO es lo verdaderamente importante. Hay que aprender a distinguir entre importante de verdad y secundario. Ésta es nuestra tarea como padres. Lo importante es alimentar el alma de nuestros hijos a la vez que alimentamos la nuestra. Enseñarles el poder de la imaginación, la magia de un cuento, el sentir de un abrazo, reír hasta llorar y también llorar sin preocuparse de nada. Enseñarles que estaremos siempre para ellos, que no somos perfectos, que los problemas existen y que se pueden solucionar, que está genial estar feliz pero que no pasa nada si alguna vez nos sentimos tristes. Enseñarles a disfrutar la música, una película o una simple siesta en compañía. A amar a las personas y a los animales, con todos sus virtudes y defectos y por supuesto enseñarles el gran poder de la empatía.
Y todo esto no se enseña como el que se aprende la tabla de multiplicar, todo esto se enseña con el ejemplo. Así es como aprenden nuestros niños. Ven e imitan, así se simple.
Lucía, gracias por tus lecciones, por tu naturalidad y sencillez, gracias por recordarnos que tenemos de aliado el sentido común y gracias por derrochar SENTIMIENTO en cada palabra. Sobre todo, desde mi punto de vista, por ésto último. Porque estamos girando en un mundo que casi no oigo esta palabra, se quiere esconder y obviar cuando es el motivo por el que se rige todo. Así que gracias, sobre todo, por hacernos SENTIR.